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¿Te quieres?¿ Eres capaz de mirarte en el espejo cada mañana y sentir que eres la persona que quieres ser?¿ O, al menos, sientes que  estás en el camino  de conseguirlo?

Bien, ya estás entonces focalizado. Y eso es un buen síntoma de autoestima.

Hoy os cuento cómo  he necesitado hacer un reset en mi vida.  Después de una situación traumática, el sistema operativo llamado cerebro  funciona mal.  Tiene un montón de programas basura dentro que no te ayudan a realizar tus funciones.  Podría ser, por poner un ejemplo, como cuando estás en casa y el ordenador te comienza a ir despacio, lento, se queda colgado, tiene programas que no usas y que ocupan mucha memoria, después de apagar, encender,  limpiar, pasar el antivirus, te das cuenta de que ya no puede más. Ha llegado el momento de RESETEAR, FORMATEAR Y EMPEZAR.

Eso que es muy fácil con un ordenador resulta complicado con un cerebro porque entran en juego muchos factores como la CONCIENCIA Y EL APEGO:  ¿Qué personas se quedan? ¿Qué recuerdos guardas y cuáles tiras?

Hay un  mini cuento de un alumno que se dirige a un maestro chino y le pide que le ayude a aprender, el maestro le invita a sentarse y tranquilamente tomar un té. El té es volcado en la taza hasta colmatarla e incluso se derrama… Pero el alumno extrañado le pregunta por qué sigue  derramando el líquido. Entonces, el profesor sonriente le ilustra: “Para poder echar té en una taza es necesario que ésta esté vacía. Vuelve cuando estés vacío…”

Pues algo así  significa el reset:: vaciarte… y hay que hacerlo con amor  y desde el perdón y no con resentimiento ni culpabilizando a los demás de todos tus errores. Sólo así podrás continuar. El mejor reset es el perdón a los demás y a ti mismo.

Así que pasada la etapa de vaciarte, cuando ya has dejado ese hueco, ahora sigues atormentándote con más preguntas: ¿Qué es lo que quiero para mí?¿ qué nuevas relaciones necesito  establecer? ¿Qué tipo de experiencias deseo vivir para llenar mi vida? Todo eso sigue causándote estrés..

Hasta que descubres el nuevo ítem.  No pensar más que en “aquí y ahora”. Ser conscientemente feliz con lo que estás haciendo en el presente. Todo lo demás va llegando y se van tomando las decisiones. No tiene que ser perfecto, sólo tiene que ser. Deja que todo llegue.

Disfruta cada minuto como si fuera el último.

¿ Y cómo llegué a esta conclusión? Pondré entonces otro ejemplo. Imagínate que te llama Dios, y que te dice que te quedan exactamente 10 minutos de vida. ¿Qué harías?

Tómate un rato para reflexionar esto.

Lo cierto es que  en este proceso no piensas en lo que tienes, no tienes margen de maniobra para llevarte pertenencias al otro lado, allí nos las necesitarás. Piensas en todos los abrazos y besos que te perderás, en los momentos que ya no podrás compartir… y en todos los que te perdiste por pensar que tu vida sería eterna al lado de los tuyos.

Sea como sea, esta reflexión también te ayude a mejorar tu día a día. No pienses tanto en lo que tienes que hacer y disfruta más lo que estás haciendo junto a los que están a tu lado. Da igual que sean tus compañeros de trabajo, tu  familia, o una vecina.  Siente ese momento como único e irrepetible. Porque así lo es.  Y ama al prójimo como a ti mismo, importante, repito, como a ti mismo. Que de esto último ni nos acordamos.

Espero haberte ayudado, esta sección intenta trasladar lo mejor de mis experiencias por si te sirven, sin más pretensiones.

 


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