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Fuimos seis en esa mesa.  Cenamos en una cafetería de la plaza de Santa Ana de Madrid. Elena tenía la facilidad de juntarnos así, de imprevisto, en cualquier sitio. Y con ella las cosas eran muy fáciles siempre, a ella  era  imposible decirle que no porque con total  seguridad algo bueno pasaría. Momentos para recordar.

Después de los postres, Elena retiró los platillos del café y la tarta de la mesa y colocó allí encima una bolsa con mogollón de cositas. Primero, la pulsera de la amistad. Un cordoncillo rosa para todas.  Así en los próximos días, estuviésemos donde estuviésemos, miraríamos esa pulsera y recordaríamos ese momento,  como un canto a la amistad en la distancia, luego, nos dió un bolígrafo y una libreta  a cada una y  nos dijo: ¡Ala chicas, empezamos!

Sacó de la bolsa una caja roja con unos signos sexuales y nos presentó la bajara erótica. Una ristra de preguntas indiscretas, con respuestas  preparadas para ser reveladas. Era necesario que dijéramos la verdad. Mujeres reunidas entre 40 y 50 años, todas divorciadas e intentando poner en común puntos importantes con respecto a las relaciones con los hombres, nuestros sentimientos, nuestros fallos, nuestras virtudes, manías, en el sexo, en el amor, en la vida. Sin tapujos, sin miedos. Un experimento antropológico en toda regla. No conocerse desde niña tiene eso, que no te importa decir barbaridades.

Y la verdad funcionó. Por  primera vez en mi vida, conecté con otras mujeres y abrí mi corazón a este tipo de experiencias.Comprendí muchas cosas.  Hago el esfuerzo de repasar porque deseo muy especialmente que los hombres que nos rodean puedan aprender algo.

Ideas:

Todas las mujeres somos únicas y extraordinarias. Cada una de nosotras tenía algo que merecía la pena descubrir. No hay nadie mejor o peor, más guapa, más fea, más alta, o más delgada, realmente eso no importa. Escucharlas fue todo un regalo. Me podría haber enamorado de cualquiera de ellas si fuese hombre, de su expresividad, de su sinceridad, de sus palabras sencillas, de la forma en que se estaban desnudando el alma.

También descubrí  que la mentira y la traición no tienen perdón ni olvido en el amor.  Es como un plato roto que aunque te empeñes en pegarlo ya no sirve como plato. No tiene la función de servir para comer, es algo decorativo pero no puede alimentarte.

Hicimos hincapié  en la necesidad de que las mujeres necesitamos atención, un buenos días, un buenas noches, un ¿qué tal estás hoy preciosa? Qué las cosas pequeñitas, sumadas, hacen que se muevan las mariposillas que están  dormidas dentro del estómago. Y que todas necesitabamos ser amadas y amar. Supongo que esta es la mejor caracteristica del ser humano: su capacidad de amar.

Chicas…Un estudio de Oxford revela que las mujeres que se relacionan al menos 2 horas a la semana con sus amigas son más sanas y felices.  ¿Para cuándo la próxima?

 

 


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