SECCION HOY ILUSTRO, La cara sin rostro de Jorge Pérez

SECCION HOY ILUSTRO, La cara sin rostro de Jorge Pérez

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Ilustrador@: 

Corrector@: 

Género: Relato romántico-misterio

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Jorge Pérez Rivero. La ilustración es propiedad de Olga Ruiz. Quedan reservados todos los derechos de autor.


Querido diario:

Hace tiempo que no nos sentamos tú y yo a charlar durante un rato y espero que no estés molesto por ello; soy consciente y te pido disculpas. Barcelona da para mucho y normalmente dedico unos minutos de mi tiempo, antes de dormir, para contarte mis penas o mis pensamientos, aunque esta vez se haya alargado demasiado nuestro reencuentro.

No quisiera aburrirte con estúpidos comentarios sobre problemas personales que no interesan a un ente como tú y por ello, para salvar estas semanas de ausencia y sufrimiento por tu supuesta parte, voy a regalarte uno de mis secretos mejor guardados y que supondría un gran descubrimiento si alguna vez llegase a ser un escritor mundialmente conocido.

Sí… Ya sé que lo he soñado muchas veces pero, aunque vaya con algo de retraso en mis escritos, aún tengo tiempo para alcanzar la cima si bien lo que vaya a relatarte ahora no tenga mucho que ver con mi futuro éxito y fortuna.
¿Preparado?
Todo comenzó hace ya muchos años, catorce creo recordar, y quizás lo que hago ahora sea un pequeño homenaje por aquella maravillosa época. Realmente no fueron los mejores de mi vida pero tuvieron algo de sentido a la hora de convertirme en escritor.
¿Qué? ¿Por qué llegué a decidirlo? Esa es una buena pregunta y has hecho muy bien en plantearla, ya que es parte fundamental en este relato; sin ello, nada de esto hubiera ocurrido.

Mi profesora de Historia había escrito varios libros y nadie en la clase tenía conocimiento sobre aquello: algunos versaban sobre la Guerra Civil española y otros abarcaban, también, el ámbito histórico. Aquello me impactó gratamente pues nunca antes había conocido a un escritor en persona, de mayor o menor nivel, pero seguía siendo mi primera vez. La conversación que mantuvo con nosotros sobre ello me dejó impresionado y, a mis catorce años de edad, comencé a reflexionar sobre el tema, pues mil y una historias rondaban en mi cabeza y descubrirlo quizás hubiera sido la acción que necesitaba para darme cuenta de que podía compartirlas con el resto del mundo igual que otros así lo había hecho ya.

Sí, esto no es ningún secreto, lo sé. Pero para que haya misterio, primero debía hablarte sobre esta parte o no lo habrías entendido. Dame unos minutos para pensar cómo contártelo y verás.

Iba a la misma clase que yo y así lo hizo hasta que acabé el instituto. Sí, estamos hablando de una compañera, aunque te sorprenda, pero había algo en ella que me marcó para siempre. ¿Amor? Quién sabe. Yo era joven e inexperto en esos temas y ni sabía siquiera lo que realmente me gustaba pero allí estaba, cada día, cada recreo, cada examen. Esperando que levantase la mano para escucharla hablar o que saliera a la pizarra y así verla más de cerca. Era de las más listas de la clase, ¿sabes?, y ello me fascinaba, pero yo era muy tímido y nunca dije nada. Qué podría decir, bastante traumas tenía ya y no me apetecía llamar la atención más de lo debido.

¿Que si ella tiene que ver con el secreto? Para ser un libro inanimado eres más listo de lo que pensaba. Sí, ella es realmente el secreto.

La última vez que la vi fue hace ocho años, creo recordar, y realmente nada cambió para con nuestra relación. Simplemente un saludo amable que no tornó en nada más. Es cierto que intenté de alguna forma acercarme más a ella durante nuestra etapa estudiantil en alguna de las fiestas que se organizaron, pero de poco sirvieron las breves conversaciones que mantuvimos. No existiría este secreto si todo hubiese ido a mejor, ya me entiendes.
Ya, ya, que vaya al grano, no me presiones más que terminaré en breve.

Como muy bien sabes, en 2011 publiqué mi primer libro pero, realmente, no fue el primero que escribí. Mi obra magna, que algún día verá la luz, la inicié justo el año en que mi profesora de Historia nos reveló su segunda profesión. Aquel momento, ya con quince años, y todas aquellas sensaciones revoloteando en mi cabeza, me llevó a recrear la única forma posible de poder estar con ella. Un personaje se enamoraba del actor principal y era algo muy puro que, en algún momento, le salvaría la vida. No, no voy a revelarte nada. Ya lo verás cuando se publique de aquí a unos años. Lo importante es el hecho de que esta relación no es tan ficticia y surgió por una razón real y ello me dio que pensar cuando tuve la oportunidad de publicar mi primer libro. Y ahora, con el segundo en camino y el tercero finalizándolo, todos tendrán algo en común.

¡Vaya! Sigues dejándome sin habla. ¡Muy bien! Lo has adivinado, aunque he de reconocer que te lo he puesto bien fácil.

Si alguna vez soy un escritor conocido y lees varias de mis obras, búscala entre mis páginas pues ella participará en cada una de las historias. Ya fuere de actor principal, secundario o un mero caminante que pasaba por allí y no sea piedra angular en momento alguno. Da igual si los libros tratan sobre ciencia ficción, policíacas, históricas o una mezcla de géneros, su simple recuerdo las hace importantes. Al releerlas aún tengo la sensación de que realmente sí que sabía que yo existía y que pudiera haber hecho algún movimiento tratando de ponerme en contacto con ella. Quién sabe, puede que se convierta en una fan y lo descubra por sí misma. Mientras tanto, su cara tendrá muchas descripciones, pero su rostro será único e invisible para todo el mundo menos para mí.

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Propiedad de Olga Ruiz

Buf, creo que ya ha estado bien por hoy. No te quejarás de todo lo que te he contado. Valdrá para compensar todo lo que no he escrito durante estas semanas.

No me mires así, sabes que mis palabras son ciertas y convencerían a cualquier tribunal que las juzgara. Ahora bien, solo tú y yo lo sabemos, así que mantén las cubiertas cerradas y no lo airees por ahí o se terminará la magia.

Bueno, es hora de dormir. Hablamos mañana, ¿vale?

Descansa y coge fuerzas para mis encontronazos del día.

Buenas noches.

Jorge Pérez Rivero
Barcelona, 13-02-2018


Este relato ha sido publicado en la web de Surcando Ediciona

SECCIÓN HOY ILUSTRO. NO ME GUSTA EL CIRCO CON DOVE WHITE

SECCIÓN HOY ILUSTRO. NO ME GUSTA EL CIRCO CON DOVE WHITE

En esta convocatoria de Surcando Ediciona se invirtieron los roles. Paloma, ( Dove White) realizó el texto y yo realicé la ilustración. Sed benévolonos no es mi oficio pero lo hice encantada.

 

No me gusta el circo.
Nunca me ha gustado el circo.
Siempre me ha parecido un lugar triste y desdichado.
Desde pequeña he tenido la sensación de que los que trabajaban en el circo eran desgraciados, y no podían sobrellevar su tristeza en otro lugar que no fuera el jodido circo.
Porque ―al fin y al cabo― en el circo, los artistas adoptaban un personaje, una ficción, una máscara.
Cuando veía una película ambientada en el circo siempre me encontraba con una tragedia griega, con una historia tremebunda, con unas vidas desesperadas.
En la película “El mayor espectáculo del mundo” del año 1952 hay una historia muy triste, la de un payaso encantador y muy risueño que esconde tras su maquillaje el inmenso dolor de tener que abandonar a su queridísima madre para esconderse de la justicia ya que antes de payaso fue un reputado médico que por una negligencia causó la muerte de un paciente y la policía lo busca para enchironarlo.
James Stewart daba vida al payaso-médico o al médico-payaso que salía haciendo sus gracias entre número y número circense.
Pero lo que verdaderamente me hacía llorar y que se me saltaran las lágrimas era cuando el pobre payaso se acercaba a las gradas y se sentaba junto a una encantadora ancianita con sombrerito y la abrazaba y besaba con gran ternura mientras  la señora se secaba las lágrimas.
Claro, era su madre que  seguía al circo  de ciudad en ciudad para poder  ver a su querido hijo  y estar junto a él aunque sólo fuera unos momentos.
James Stewart estaba sublime en esa película.
Y más sublime aún estaba cuando durante  un terrible accidente de tren  el circo queda destrozado,  y  tiene que atender a los heridos viéndose su pericia como cirujano descubriéndose el pastel.
Los amores contrariados y trágicos y los “menage a trois”, en esa película también ofrecen su espectáculo de tristeza y lágrimas.
Total, que la película es maravillosa pero sigo pensando que el circo me resulta detestable.
Un circo en plena meseta castellana con la trágica historia de amor entre Puck, el payaso, y Cecilia, guapa y ambiciosa también me hizo llorar mucho.
No por las artimañas de la zorra de Cecilia que le tiene al pobre Puck al borde del colapso mental y del otro sino por el papelón de la pobre Lina, la buena muchacha, que siempre ha amado a Puck y ve como Cecilia intenta arrebatárselo.
Se trata de la célebre zarzuela Las golondrinas.
De nuevo a llorar y a acordarme de los ancestros de los que inventaron el circo.
Es muy posible que exagere.
El circo tiene sus cosas buenas también.
Pero los payasos siempre me han dado pavor. Y no hablo de los payasos psicópatas y asesinos que tan de moda están ahora, sino por las trazas de los susodichos.
Cuando era  muy niña, mi padre me llevaba al famoso Circo Price a una gala de Reyes y me hacían fotografías con los payasos ― que serían muy buenas personas― pero a mí me daban mucho miedo.
Precisamente, tengo una fotografía en la que se me ve pequeña, muy mona, con una carita de susto impresionante junto a un payaso sonriente y paciente que está intentando hacerme reír pero que no lo consigue del todo.
Volviendo a la actualidad de mi vida, los célebres Payasos de la tele me caían bastante mal.
Las canciones que cantaban como La gallina Turuleta, Susanita tiene un ratón, Mi barba tiene tres pelos, Feliz, feliz en tu día, etc, se me atragantaban.
Bueno, tal vez las canciones, no, pero ellos sí.
Ni Fofó, ni Miliki, ni Milikito, ni Gaby,  ni ninguno.
No era una niña porque ya tenía más años que el hilo negro cuando televisaban a los dichosos payasos, pero  no los tragaba. ¡Qué le vamos a hacer!
Cuando escuchaba a Fofó preguntar  ¿cómo están ustedes? me piraba.
Hay otras películas, historias, novelas y cuentos.
Uno de ellos era Martita en el circo, uno de mis preferidos.
Siempre que iba con mi padre a la biblioteca de la Telefónica en  el Centro Cultural Deportivo que la Compañía poseía en la Gran Vía de Madrid pasaba las horas muertas leyendo los libros de la colección de la cursi de Martita.
Entonces, tal vez, no odiaba tanto el circo, jajajajajaja.
En el fascinante y “espeso” mundo de la ópera, Pagliacci se lleva mi aplauso soberano porque es un dramón muy mediterráneo.
El lugar de la acción es un pueblecito de la Calabria italiana durante una fiesta religiosa, La Asunción, y a mediados del siglo XIX.
Total, drama asegurado por celos y cuernos.
No voy a contar la historia de celos, pasión y muerte de esta afamada ópera porque parece algo repetitivo pero el momento, momentazo del tenor lírico cantando y llorando Vesti la giubba es algo sublime y llorar se llora como un descosido.
Yo siempre he llorado al escuchar esta aria tan trágica.
Un pobre payaso que sólo sirven para que se rían de él como su mujer, Nedda, que se la pega con Silvio.
En fin que  aparte de los dramas, las tragedias, las lágrimas, y las emociones que despierta el circo y las alegrías de los payasos, los malabaristas, trapecistas y domadores, a pesar de que los circos con animales están en el entredicho y están empezando a prohibirlos, el circo es el mayor espectáculo del mundo.
Y no porque lo diga Cecil B. De Mille, es que lo digo yo aunque no me guste.
Paloma Muñoz
Dedicado al Circo Price
Madrid, 9 de abril 2018
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