Durante este año he comprendido que una de las actitudes que más ayudan para ser feliz es  EL AGRADECIMIENTO.

Hace tiempo leí  en un cuento  de Jorge Bucay, en el que un hombre mandaba una carta directa a Dios, rogándole que le hiciera llegar dinero para el pago de una vacuna de su hijo o éste moriría, y rogándole también para el pago de su alquiler, o la casera le echaría a la calle con su hijo enfermo. Uno de los funcionarios de correos abrió la carta y la leyó, y se conmovió. Y uno por uno fue enseñándosela a sus compañeros. Entre todos recaudaron 175 pesos, de los 200 que necesitaba. Y se los hicieron llegar. ¿Cuál crees que fue la respuesta? Piensa también ¿cuál hubiera sido la tuya?  Luego busca el cuento.

Esta historia me hizo pensar en muchas cosas:

  1. En la búsqueda de soluciones tan estúpidas como estupendas en momentos de desesperación total.
  2. En lo inesperado del azar, en eso que llamamos suerte y que no existe si no ponemos la semilla para que crezca el árbol.
  3. En la generosidad humana ante la adversidad.
  4. Y, finalmente, en la ingratitud. Centrándose en esos 25 pesos que faltaban y no agradeciendo los 175 que sí llegaron.

Ser agradecido, practicar la gratitud es una de las actitudes más importantes que puedes adquirir, no sólo con respecto a lo que ya posees, sino a lo que los demás te dan. Pero para ello, debemos equilibrar estos cuatro ingredientes:

 No caigamos en el exceso de positivismo, está claro que no todo es siempre color de rosa, pero, pese a ello,  merece la pena el intento de dar las gracias. Ser consciente de que no tenemos todo lo que me gustaría tener o lo que creemos que merecemos tener es, en mi caso, una premisa cierta, pero también reconozco tener muchas más cosas de las que necesito. Céntrate: Reconoce lo que tienes y no sufras por lo que falta.

No caigamos en el exceso de expectativas, si no las conseguimos, nos sentiremos insatisfechos y nos causará ansiedad, convirtiéndolas en obstáculos para tener una relación sana de equilibrio con la vida. Esto nada tiene que ver con rendirse o resignarse,  no, es una visión más objetiva de realidad.  Trabajar en ello ayuda. Ser progresivo y no impaciente.

No caigamos en la queja y la insatisfacción permanentes, hace tiempo leí un pequeño pasaje que dice:

“En una ermita, ante una imagen de la Virgen, un hombre joven lloraba quejándose porque no tenía zapatos, hasta que detrás de él escuchó los lamentos de un viejo que, de rodillas, lloraba porque no tenía pies.”

¿Será necesario encontrar a alguien que sufra más que yo para aprender a agradecer lo que tengo?

No caigamos en el exceso de humildad que se convierte en servilismo.

Ser humilde implica entre otras cosas: reconocer nuestros errores y limitaciones, equivocarse, aprender, pedir perdón, ayudar a los demás, no presumir, ser generoso, intentar escuchar.

Creo que si somos capaces de dosificar correctamente el positivismo, las expectativas, la queja interna  y  potenciamos la humildad en nuestra balanza interna, además de profesarnos amor y respeto a nosotros mismos, algo muy bueno saldrá de aquí.

¿Para qué crees que es bueno ser agradecido?

  1. Nos conecta con la vida.
  2. Contribuye a la felicidad y al optimismo.
  3. Reduce la insatisfacción.
  4. Nos ayuda a adaptarnos a las circunstancias.
  5. Mejora la salud mental y física.
  6. Eleva la autoestima, la confianza y la seguridad.
  7. Nos hace más conscientes y nos permite vivir en el presente.
  8. Mejora nuestras relaciones haciéndolas más sanas.
  9. Nos enfoca en lo positivo y en sus valores.

Y ya como tarea final…

¿Qué agradeces tú? Yo os doy algún ejemplo: Los abrazos y besos de mis hijas y ver que crecen sanas y felices. Familia para celebrarlo todo. Una casa, una cama para dormir, un termo de agua caliente con la que bañarte cada noche — ayer se rompió el mío…—, comida, televisión, un sofá para sentarse a conversar. Amigos con los que tomar una cerveza y salir donde sea. Un bonito vestido y zapatos por temporada. Despertar cada mañana. La vida es el más grande de los regalos.

 Pero te recomiendo que hagas tu propia lista. Y te la repitas cada noche. Seguro que poco a poco irás incorporando nuevas afirmaciones.


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