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 El ciclo de los Gilipollas

La dependienta cobró el periódico y miró a su dueño: Era un perfecto gilipollas.
El hombre del periódico encontró a su vecino cogiendo un helado de la cámara frigorífica del establecimiento  “24 horas abierto” y pensó: Pedazo gilipollas.
El chico de azul marino se enfadó con su hermana, la embarazada de siete meses, cuando ésta le pidió que bajara a comprar un helado justo en el momento más emocionante de la final de la Copa de Europa de Fútbol. Definitivamente: Tía, eres gilipollas.
La embarazada se cruzó con el hijo treinteañero de la vecina aquella misma mañana, que sin querer la empujó y casi la tira por la escalera. Ella le asignó  varios descalificativos, entre ellos, claro está:  Vaya un tipo gilipollas.
Así que el tipo gilipollas conoció (hacía dos semanas) a la dependienta de la tienda y le intentó persuadir para que le acompañara a un pub irlandés próximo a tomarse unas copas. Ella se negó rotundamente indicándole que no era de ese tipo. Y él pensó: Menuda perfecta gilipollas.
PD. Todos somos gilipollas.
El señor Díez
Alberto y yo abortamos nuestro amor hace años. Pero hicimos una promesa. Acordamos vernos en el Mirador de Moraima, a las diez de la noche, del día diez del mes diez del año 2010. Haríamos una reserva a nombre del señor Díez.
Vendrá, lo sé. Cuando llamé para hacer la reserva me confirmaron que ya estaba realizada. Mesa para dos con las mejores vistas.
Hoy es la cita. Ya es la hora. Pulso el timbre, la señorita de recepción me abre. Alberto todavía no ha llegado, pero la sonriente mujercita de belleza subterránea me acompaña para que me acomode en la mesa mientras le espero. Miro hacia la Alhambra… igualita a aquel 26 de septiembre del año 2003, cuando nos conocimos. El miedo en esencia pura me abarca, me oprime el pecho… Ha llegado el momento.
Llaman a la puerta.
Ajustes

 

(…)

 

Habito en mi sitio. Y soy tirana, egoísta y rencorosa. Me confieso ahora, ahora, que todavía tengo voz y puedo. Lo digo alto, claro y  sin arrepentimiento. Porque pequé  y pecaré mil veces más si tengo razones para ello. Y no concibo otra paz si no es la de estar así con uno mismo. Elemental, fundamental  y fundamentada.

 

 

 

Globos de colores

 

Mi hija ha cumplido hoy dieciocho años. He ido a buscar un regalo para ella y aunque sé que mi niña se ha hecho grande ( para mí siempre será “ mi niña” aunque tenga cincuenta años), no he encontrado un regalo mejor que un ramillete con dieciocho globos de colores; para que nunca pierda la emoción, la ternura y la inocencia que todavía habita en ella.
Estoy deseando llegar a casa, dárselos y ver brillar nuestros ojos…

 

Saludos Cordiales

 

Estaba cansada de sus idas y venidas a San Clemente, su pueblo natal en Cuenca. Pero lo que más me cansaba de todo era su constante obsesión por acompañarle para conocer a sus padres. Finalmente accedí. Y tuve que entrar en el cementerio, buscar el pasillo trece y arrodillarme para saludarlos.

 


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